domingo, 22 de mayo de 2011

Reencuentro

Y así fue como en una actividad tan mundana y simple,
y a la vez tan alejada de mi vida cotidiana, me encontré con Ella.

En el olor de la ropa recién planchada de los domingos por la noche,
en la entrega al quehacer que lo convierte en lo más importante de ese momento.
En demostrar el amor a través de gestos tan sencillos como una camisa planchada.

Hace pocos días atrás caí recién en cuenta, de cómo su repentina partida
me ha enseñado que también es posible el desapego.
No como indiferencia ni desamor, sino simplemente como un dejar de intentar
poseer a nuestros seres queridos, como un dejar de aferrarnos a su existencia física,
como si eso fuera lo más importante que nos dejan.

La percepción que yo experimenté de mi madre, las huellas que ella fue dejando en mí,
continúan reverberando en una influencia infinita y trascendente que permanecerá fuera del tiempo y del espacio, en el Todo.

Y su muerte ha sido la enseñanza más enriquecedora que me ha entregado...

1 comentario:

P! dijo...

Y lo sabías hace tanto tiempo...de adento, bien guardadido, pero ahí estaba...y ahora se luce y te acompaña
=)


Gracias por compartir ese proceso conmigo.

Saliendo de la crisálida