en mi interior.
Te construyo y te dejo ser,
o no ser
desde la incertidumbre aún, pero convencida
de que te quiero
con toda mi alma.
Y que te abrazo, con todo mi cuerpo.
In a haze, a stormy haze I’ll be round, I’ll be loving you always, always.
Desde que concebimos a Violeta comencé a preguntarme, cuál hubiese sido tu reacción al enterarte que por primera vez serías abuela?, qué hubieras pensado de que yo decidiera ser madre? Uff y aunque no quisiera reconocerlo, me acechaba también una última pregunta: ¿te importaría?
Lo más triste es que más que acecharme aquella pregunta, me perseguía la idea de que para ti no sería importante en realidad, que no haría diferencia en tu vida, que no dejarías de hacer nada por ver a tu nieta más seguido o regalonearla.
Y es tan absurdo pensar eso!!! No sólo porque no hay manera de saberlo, sino también porque te encantaban las guaguas! Cómo no te iba a gustar o importar tu propia nieta?!
El punto es que hoy, a casi 8 meses de nacida mi hija, me vuelve a acechar la pregunta: ¿Como hubiese sido mi maternidad contigo presente?
He formado una familia preciosa con Alvaro y ahora nuestra Violeta, pero a ratos me hace falta más familia extensa para compartir la crianza, a ratos siento que estamos muy solos. Y sobre todo, desde que volvimos a vivir a Santiago, más cerca de la familia, he visto con mucha tristeza que mis expectativas con respecto a tener cerca a la familia, eran demasiado elevadas.
Hoy con alegría mi Violeta duerme su siesta a mi lado, en casa de su abuela paterna, después de haber disfrutado un almuerzo exquisito y amoroso con sus abuelos, su tía, su prima y nosotros, sus padres.
Así da gusto!!!
Eso esperaba yo, pero de mi lado de la familia... quizás me equivoqué, o quizás contigo aún en nuestras vidas, serían así los fines de semana, EN FAMILIA.
Te extraño mamita, de chica siempre te imaginé chocheando con mis hijos cuando existieran y ahora que empiezan a llegar tú ya te has ido. Me haces mucha falta.
Es evidente que mi forma de pensar y mi vida entera se han visto transformadas casi por completo desde que soy madre, sin embargo aún descubro con sorpresa algunas de estas "nuevas visiones" y tomo conciencia de lo prejuiciosa que estaba siendo al respecto, incluso mientras gestaba.
Es muy fuerte el discurso de que "los niños molestan", según ese discurso, los niños molestan hasta a sus propias madres (las que, asumiendo en mayor o menor medida el cambio vital implicado, hemos elegido traerlos a nuestras vidas, qué queda para el resto de la sociedad entonces??!!).
Tan profundo ha llegado a arraigarse en mí dicho discurso, que me he visto explicando a terceros cuánto necesitaba un tiempo a solas "para mí", para "descansar de la bebé", cuando en realidad lo que me agota y entristece no es cuidar de mi hija 24/7, sino hacerlo sin tribu, sin personas que comprendan que mi hija no es un cacho para mí en ningún momento del día, que es la visión externa adulto céntrica y marginadora la que convierte a mi hija y a todos los niños en estorbos por no ajustarse al robotizado y apurón estilo de vida que hemos elegido (?) los adultos.
Te siento respirar sobre mi pecho,
me pierdo en tu respirar hacia el infinito
me disuelvo láctea como una galaxia
Soy tu todo.
Me convierto en leche, cuerpo tibio que abraza, sostenida en ti por la maternidad misma, la primera madre, la pacha.
Y devengo madre tierra en ti, al nutrirte en cuerpo y sobre todo en alma.
Al entregarme entera a nuestra fusión, desaparezco en ti y es cuando realmente me encuentro, no hay identidad, no hay límites, no hay tú ni yo, sólo amor.
Somos el todo.
Una sensación inefable me recorre, el amor es absoluto, es todo lo que existe.
Somos amor, somos parte del todo y el todo es parte de nosotras.
Somos en nuestro amor, lo único real.
Me siento plena.
He descubierto la plenitud a un nivel que ni sospechaba sería posible.
Me siento tan desbordante de satisfacción, placer, amor, dicha, que no caben en mí y escapan gota a gota por mis ojos, como la leche chorreante que aún fluye cuantiosa y descontrolada de mis pechos.
Tú me haces plena hija mía, llenas cada hueco, cada espacio vacío, carente de afecto y contención. Nunca esperé que así fuera, no imaginaba que podrías sanarme así, milagrosamente, tan solo al prenderte de mi pecho y abrazar sin cuestionamientos tu más absoluta dependencia, dejandome satisfacer tus necesidades completamente entregada a la certeza de que aquí estaré para ti.
Así me sanas hija, sin siquiera proponertelo, al mostrarme simplemente cómo es amar sin condiciones, sin dudas, en la absoluta confianza. No sólo me muestras que es posible este amor, sino que me conviertes en alguien capaz de amar así, con todo mi ser, revelando una autenticidad que yo misma desconocía.
Amarte es mi mayor verdad.
Gracias por elegirme para ser tu madre hija, gracias por elegirme para amarte.
Cuánto coraje se necesita para mirar nuestras propias sombras.
Incluso cuando son situaciones cotidianas, sin mayor profundidad.
Necesité coraje para reconocer, por absurdo que suene, que estaba enojada con mi hija, que tiene apenas 3 meses!
Pero fue sólo al reconocerlo, sumida en la vergüenza, que pude tomar conciencia de cuál era en realidad mi enojo, mi frustración. Nuevamente los mandatos que he internalizado durante mi vida, me juegan una mala pasada.
Simplemente me frustraba sentir que a diferencia de mi compañero, yo no "tenía" fin de semana, porque él es quien trabaja toda la semana, levantándose temprano y procurando además dejarme almuerzo preparado para el día siguiente.
¡Cómo osaba yo exigir aún más!
El problema fue que estas palabras ni siquiera llegaron a constituir un monólogo interno, no, fueron completamente acalladas por mi necesidad de cumplir el mandato de hija complaciente y señorita perfecta y fue mi maravillosa hija, mi maestra, quien me mostró con su llanto, reflejo de mi frustración, que yo no estaba disponible para ella, porque sentía que me merecía un descanso, pero en lugar de pedirlo, lo rumiaba con resentimiento.
Hizo falta coraje para atreverme a mirar aquel lugar oscuro de mi misma, hizo falta el apoyo y la tremenda capacidad de escucha de mi compañero que me instó a contarle y, por supuesto, hizo falta que mi hija en su indefectible autenticidad, me reflejara mi propia sombra.
Y era una situación tan mundana como levantarme a las 8 pero despertar a mi compañero a las 10, la que desplegó sin miramientos, lo más profundo de mi propia herida. Con tanta sencillez, la vida me permite tomar conciencia de que aún siento que no merezco ser amada, aún siento que sólo obtendré amor y cuidado, canjeándolo por otras acciones.
Uff, viviendo aún como si el amor fuera un objeto de compra!!!